Guggenheim Bilbao
Así como New York, Las Vegas, Berlín y Venecia, el País Vasco también tiene su propia meca de arte contamporáneo: el Museo Guggenheim Bilbao, impactante obra arquitectónica del norteamericano Frank O. Gehry, realizada en titanio, piedra y cristal, sobre las márgenes del río Nervion.
¿Por qué comenzar por el edificio y no por las colecciones? Porque aquél, con sus 24 mil metros cuadrados de superficie y más de 50 metros de alto, divididos en diversos volúmenes ortogonales, curvados y retorcidos, es en sí mismo una acabada expresión del vanguardismo del siglo XX.
Ya en el ingreso, un perro gigantesco y florido recibe a los visitantes: se trata de una inmensa escultura de acero, cubierta de unas 40 mil flores naturales, que cambian dos veces al año, según la flora de la temporada. ¿Qué simboliza este perro? La unión de dos épocas: por un lado, la de los jardines del siglo XVIII y, por otro, la de las mascotas como ícono de la cultura de masas.
Allí mismo, a tan solo algunos metros, está emplazada un inmensa araña de bronce, llamada Mamá, que es una escultura de la artista Louise Bourgeois.
Una vez dentro del Guggenheim Bilbao, pasarelas curvilíneas, ascensores acristalados y torres de escaleras te van trasportando por las veinte galerías, que abarcan desde las primeras vanguardias hasta el arte contemporáneo, con especial atención a los artistas vascos y españoles modernos y actuales.
Pero es difícil dar cuenta de la colección permanente del museo, puesto que ésta es cambiante: ocurre que una de las políticas del Guggenheim es circular entre sus diversas sedes las obras del fondo, ofreciendo al espectador una muestra diferente en cada visita.
No obstante, sí son estables las exposiciones: La materia del tiempo, Sala 103 y Sala 105.
La materia del tiempo se compone de siete esculturas que dan forma de serpiente y que fueron creadas por Richard Serra, considerado uno de los escultores más relevantes del siglo XX. La Sala 103 exhibe a Jim Dine, Roy Lichtenstein, Claes Oldenburg, James Rosenquist y Andy Warhol, entre otros artistas pop de los setenta, que basaron sus técnicas, estilos e iconografías en la publicidad, los cómics, el cine y la televisión. Y la Sala 105 está inspirada en el arte povera, es decir, “arte pobre”. Éste define a artistas, sobre todo italianos, que han empleado materiales industriales, orgánicos o cotidianos poco convencionales para construir obras tridimensionales que reafirman el conflicto entre la naturaleza y la creación del hombre.
El Museo Guggenheim Bilbao también ofrece al público una serie de exposiciones temporales. En ellas se pueden observar obras maestras de todas las civilizaciones del mundo. Por ejemplo, desde el 17 de febrero y hasta mayo se podrá apreciar la obra de Takashi Murakami, uno de los artistas más influyentes de Japón, surgido de la generación neo-pop japonesa, tras el pinchazo de la burbuja económica en aquel país a finales de los años ochenta.
Si eres un amante del diseño y del arte moderno y contemporáneo, es casi obligación que conozcas el Guggenheim Bilbao.
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