La gran Lisboa: las playas de Cascais y Estoril
El recorrido por las empinadas colinas de la ciudad de Lisboa me brindaba a cada paso una misma postal: la de la ribera del río Tajo, que se une con el océano Atlántico. Bajo los efectos del calor, esta imagen despertaba en mí unas ansias terribles de meterme al mar.
En ese estado, inmensa fue mi alegría cuando supe que a tan solo media hora en tren desde la estación Cais do Sodré de Lisboa, llegaría a las localidades de Estoril y Cascais, las cuales prometían playas encantadoras. Y algo de esa promesa debía de ser verdad, puesto que por algo esa zona del litoral lisboeta había sido la elegida por reyes y nobles para establecer sus casas veraniegas, tras que en 1256 Lisboa fuera declarada capital de Portugal.
En Estoril, por ejemplo, vivieron su exilio varios reyes, como Juan de Borbón de España, Humberto II de Italia, el último emperador húngaro Carlos I y el rey Carol de Rumania. Fue por ellos que la población de Estoril dejó de ser una playa menor para transformarse en una ciudad glamorosa y en un popular centro de congresos.
Y allí estaba yo, caminando por el elegante paseo que desde Estoril recorre la costa hasta Cascais, a 3 km de distancia, mientras observaba las distinguidas mansiones, los hoteles cinco estrellas y un casino que se levanta entre majestuosas palmeras.
Tras una parada en las aguas de la bahía de Estoril y en uno de los bonitos restaurantes del paseo costero, llegué a Cascais.
Cascais fue un puerto privilegiado desde antaño, puesto que se halla en una bahía de blancas arenas, muy bien protegida contra posibles invasores. A partir de 1870 esta localidad se puso de moda, a raíz de que Luís I transformara una fortaleza del siglo XVII en un palacio de verano. Actualmente, un ala de aquel edificio es la residencia veraniega presidencial de Portugal.
Desde comienzos del siglo XX, Cascais ganó fama entre las familias ricas, las cuales construyeron aquí espléndidas mansiones. Además de la playa, Cascais ofrece al visitante agradables calles peatonales repletas de elegantes tiendas, las cuales contrastan con la simplicidad de los pescadores que celebran todas las tardes una subasta en las cercanías del puerto.
Si bien hay sitios de interés para visitar en Cascais, como el Museu-Biblioteca, el Museu do Mar y la iglesia Nossa Señora da Assunçao do Mar, en mi caso preferí quedarme disfrutando de la arena y del agua, en ese clima particularmente apacible que genera la gente de Portugal.
Ahora ya lo sabes, si durante tu estancia en Lisboa buscas un sitio de playas y clima cálido para tu retiro en la riviera portuguesa, Estoril y Cascais son dos grandes opciones a tan solo media hora de la ciudad.




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